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Rouge en el vaquero estridente

Crucé la calle y no miré. los accidentes domésticos aumentaron: tres copas y un perfume. abro lo que compro con los dientes y dejo los cuchillos secándose boca arriba. se rompió la luz de la cocina e intenté arreglarla con los dedos adentro, bien adentro de los cables. pasé despacio por la casa del dóberman, deslizando la mano por una reja fina. probé con sacar el pasaje: fallé, probé con no mojar el suelo: fallé. tengo cuatro mil pesos en el banco y voy a gastarlos en unas botas blancas símil texanas, para escuchar los tacos sobre el piso y que el ruido me despabile.

la ciudad no existe. atraje hacia a mí cien cubeteras que sostienen hasta el borde la inocencia y las derramé a todas. mi cuello parece un florero de único tallo, se va cerrando. mi pierna tiene una cerradura y, la otra, una llave. no juzgo la comodidad, mas bien la espero ¡y que el temblor desaparezca! porque si muerte no es, que sea baile. escribo por horas. soy la presa que distrae al león unos minutos: me encanto con la vida por un rato. 

/estábamos solos en tu casa. había un escenario hecho con cajas de shampoo que decían “suave”. me subí y revoleé el ramo, lo tiré tan alto que el hueso de dios pareció asustarse. mientras esperaba que caiga, vos girabas en la cinta transportadora del aeropuerto, pero cuando intentaba alcanzarte, cambiabas de color. miré las vueltas y las curvas como quien mira la fórmula uno. me cansé y salí a buscar un auto con una botella de agua

me desperté y volví a mi casa en un taxi, arrugado de humedad. una canción tiritaba en otro idioma. 

a veces con poemas quiero decir cuídate ¡tengo cerca la sensación de parto! algo que no puede esperar a ser derramado, evitar el corte de una cola de baba (una mujer se la comió y me dijo que es dulce). giro la cabeza entre el cielo y la calle. hay tristeza y perros. cada vez sueño más, confundo si dije lo que creo que dije o mi cabeza lo inventó, así como se talla un ángel. a quienes les tengo más confianza les pregunto si esto que dije ¿nos pasó? ¿ya te lo dije? ¿a vos te robaron esa noche? ¿cuándo fue que me besaste? ¿yo quería? ¿y vos?

no miro más patentes. tu inicial aparece en todas (también en las extranjeras). miro a los autos estacionados: un asiento siempre está más atrás que el otro. busco ternura en lo ridículo; un funeral de animales, el cartel de una mascota que la encuentran y que avisan, en los nombres de las peluquerías de mi barrio. 

ayer salí al patio porque sentí olor a quemado. se incendió la casa que está detrás de la mía. me senté en la reposera e imaginé estrellas adictas a la danza. si el fuego quemase mis plantas no tardaría en parecer un monstruo, pero sin pelo. algo así como el enemigo de un hombre que salva una ciudad gótica, pequeña, con peinados de peluquería, casi sin esquinas, soleada por la falta de drama. 

mi ropa, cama, heladera y corpiños. mi lámpara, las velas. los tacos, la juguera: todo manchado de rouge barato. desde chica tengo una obsesión con los labiales. si me gustaba su olor, los robaba. mi madre parecía una modelo, sus novios desfilaban por la casa. también los labiales que no lograba esconder para probarme en el espejo mientras ella dormía. 

besos, no tengo. estiro la mano y dejo los míos por donde puedo. hace poco maquillé a una estatua. pienso que quizás son fantasmas piadosos que se dejan ver. pero qué silencio entre ellas y mi pelo. ellas y mi jean y mi campera porque tengo frío. qué silencio entre ellas y el clima. ellas y la noche. yo y la noche. esa noche y vos. vos y está noche y la que viene. 

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